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Océano costero de Chile: momento de actuar

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Chile es un país litoral, marítimo por geografía, no así por tradición. Vista a escala planetaria, nuestra “larga y angosta faja de tierra” luce como una delgada y accidentada playa, con más territorio soberano bajo el agua que sobre ella (considerando las 200 millas náuticas de Zona Económica Exclusiva).

Nuestras aguas costeras albergan una gran variedad de ecosistemas marinos altamente productivos y de relevancia para la salud del océano a nivel global, proporcionando, además, recursos para la pesca y acuicultura. Por otro lado, el atractivo turístico de la zona costera queda de manifiesto cada fin de semana largo, cuando a través de los medios de comunicación podemos ver la masiva migración de ciudadanos que buscan el contacto, por breve que sea, con la dimensión marítima de nuestro país.

Al mismo tiempo, somos testigos de cómo la instalación y operación de actividades productivas (industriales, energéticas y portuarias), y el aumento asociado de la población, han influenciado fuertemente en el deterioro de las condiciones ambientales de nuestras costas. Algunas de las consecuencias de lo anteriormente descrito son el incremento de los episodios de marea roja y el agotamiento del oxígeno en el agua, fenómeno conocido como hipoxia, causante de varazones de numerosas especies marinas. Si a esto sumamos el daño generado por los denominados “contaminantes emergentes”, productos químicos de uso humano como antibióticos, estrógenos, ibuprofeno y microesferas contenidas en artículos de limpieza facial, la situación se vuelve crítica.

Nuestro gran desafío como país es entonces compatibilizar la creciente demanda por el uso del océano costero, tanto para desarrollo de actividades humanas como para verter residuos, con la necesidad de mantener un ambiente suficientemente limpio para la vida marina, la recreación y la extracción de recursos pesqueros. Consideramos que este es un momento crítico para que el Estado asuma un rol más protagónico, facilitando e invirtiendo en iniciativas tendientes al uso verdaderamente sustentable de nuestro ambiente marítimo.

Debemos tomar medidas para recuperar los ambientes alterados, proteger las áreas sensibles y controlar las emisiones de contaminantes tradicionales y emergentes. Sea cual sea la decisión que se tome, en la base de éstas debe estar el conocimiento científico sobre el océano y la disposición del Estado a considerar dicha información, que por cierto hemos conseguido gracias a programas estatales de financiamiento de la ciencia, por lo que carece de lógica que no se utilice esa costosa información en la ecuación de toma de decisiones.

Convertir a Chile en un país marítimo desarrollado pasa necesariamente por evitar un mayor deterioro del ambiente costero e, idealmente, por revertir la situación en que nos encontramos actualmente. El futuro desarrollo de Chile está y seguirá estando en el océano, y por ello es responsabilidad de todos prestarle la atención que requiere y, utilizarlo adecuadamente para garantizar la salud y sustentabilidad de nuestros ecosistemas costeros.

Nota: Columna escrita por Silvio Pantoja, junto a Camila Fernández y Fabián Tapia del Centro de Investigación Oceanográfica COPAS Sur-Austral, Universidad de Concepción, Concepción. Publicada en Voces de La Tercera y el portal de COPAS Sur Austral.