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¿Por qué los chilenos marchan por la ciencia?

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La "Marcha por la Ciencia" tuvo una masiva concurrencia en las principales ciudades del país. En la imagen, parte de la concurrencia en la Plaza de Armas de Santiago. Crédito: Francisca Soto.

Investigadores de las principales regiones se han manifestado por la situación de precariedad de la ciencia. Y la molestia no es novedad. Desde hace un tiempo que la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica se encontraría en crisis, que se ve reflejada por el vaivén de presidentes que ha tenido, el bajo aporte a la investigación y la inestabilidad laboral de cientos de investigadores, que emigran por falta de oportunidades. Es por eso que, en el marco global de “March for Science”, casi 3 mil personas salieron a las calles en demanda de una mejor política científica para el país.

El 22 de abril, alrededor de 3 mil personas asistieron a la “Marcha por la Ciencia”, que se desarrolló en Antofagasta, La Serena, Valparaíso, Santiago, Concepción, Valdivia y Punta Arenas. Se trata de un evento global, que partió en Estados Unidos por el complejo panorama científico que vive ese país tras las decisiones anticientíficas de Donald Trump, y que tiene como foco revalorizar el rol de la ciencia. En Chile, los organizadores añaden a la demanda estadounidense la ausencia de una institucionalidad, la falta de oportunidades laborales para investigadores y la escasez de recursos destinados a la investigación.

La “Marcha por la Ciencia” tuvo una masiva convocatoria en las principales ciudades del país. En la imagen, parte de la concurrencia en la Plaza de Armas de Santiago. Crédito: Francisca Soto.

A pesar de ser líder mundial en investigación aplicada, el rumbo de la ciencia estadounidense cambió completamente tras asumir Donald Trump como presidente. Esto porque los principales medios de comunicación lo califican como un “anticiencia”, entre otras razones, porque cree que el cambio climático se trata de un invento chino; designó funcionarios que son escépticos frente a tópicos científicos contemporáneos; simpatiza con el movimiento antivacunas y ha puesto en suspenso la continuidad de importantes investigaciones. Esa falta de interés por la ciencia se ha visto materializada en recortes a la inversión en investigación y, también, la promesa de revertir los avances programáticos alcanzados por Obama en relación con células madres.

En Chile, a su vez, la situación va más allá de un contexto político; pues, involucra una ausencia de institucionalidad, que se traduce en la precariedad que impera en la situación laboral de investigadores, problemas en la inserción de doctores, falta de proyección y recursos.

La única institución gubernamental relacionada con la ciencia en Chile es la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (Conicyt), dependiente del Ministerio de Educación, y cuya misión es “asesorar al Presidente de la República en el planeamiento del desarrollo científico y tecnológico, promover y fomentar la ciencia y la tecnología, orientándolas preferentemente al desarrollo económico y social del país”. Sin embargo, el funcionamiento de este organismo hace tiempo que estaría en crisis.

Acción de arte que simboliza la muerte de la ciencia, creada por el artista visual Gonzalo Peralta Godoy, Dr. Andrés Zurita en la producción y Rodrigo Márquez en cámara.

Conicyt: dolor de cabeza para los investigadores

En 2015, Francisco Brieva renunció a Conicyt después de haber estado tan solo 13 meses en el cargo. Con la salida del ingeniero, la lista ascendía a tres presidentes que dejaban el organismo en un periodo de cuatro años. Y, aunque la renuncia de Brieva generó la molestia de toda la comunidad científica, se trataba de una decisión que tarde o temprano acontecería. Ello, porque según consignó a La Tercera el representante de los trabajadores de Conicyt en ese momento, Arturo Pino, Brieva se enfrentó a varios escollos. “Cuando llegó, los trabajadores vimos mucho entusiasmo en él; decía que teníamos que hacer de Conicyt un lugar donde diera gusto llegar a trabajar. Pero en el tiempo el entusiasmo se fue apagando por las trabas burocráticas, porque, al final, no puedes solucionar el problema”, afirmaba Pino a La Tercera.

Otro hecho que produce migraña en la comunidad científica local, tiene relación con la renuncia de tres de los seis integrantes del Consejo de Ciencias: Dora Altbir, José Cembrano y Pablo Oyarzún, quienes denunciaban una deficiente gestión de Fondecyt –fondo que representa el 40% del presupuesto anual de Conicyt destinado a financiar la investigación científica- y retrasos en la formalización de proyectos. Cembrano, académico de Ingeniería de la Universidad Católica, explicó a La Tercera que las condiciones de trabajo en los consejos se fueron deteriorando progresivamente desde fines de 2014 por varias razones. Una de ellas es la falta de un director del programa Fondecyt en ejercicio pleno de sus funciones, que estuvo vacante casi tres años y que se resolvió este mes con la designación de Alejandra Vidales.

La ex consejera e investigadora de la Universidad de Santiago, Dora Altbir, dijo a La Tercera que “si la administración no es adecuada, la ley indica claramente donde están las responsabilidades. En cuanto a los problemas vigentes, estos fueron expuestos a las autoridades de Conicyt en dos oportunidades por escrito, y en múltiples en forma oral”.

Por otro lado, Arturo Squella Serrano, decano de la Facultad de Ciencias Químicas y Farmacéuticas de la Universidad de Chile, dijo también a La Tercera -en marzo de 2017- que Fondecyt está funcionando con retrasos. “Obviamente ya no se cumplirán los plazos estipulados. Uno de los activos más importantes del programa Fondecyt era el cumplimiento de los plazos, lo que lamentablemente se ha perdido”, advirtió. “Se supone que entre la firma y la entrega de fondos va a pasar algún tiempo más. Toda la gente que había hecho un plan de trabajo con inicio el 15 de marzo va a ver retrasado su itinerario. Por ejemplo, extranjeros que han tenido que retrasar su llegada al país. Es una demora que afecta en demasía el plan de vida de los jóvenes investigadores, que tampoco tienen otro soporte para mantenerse económicamente”, explicó el decano a Radio y Diario Universidad de Chile.

En medio de este ensombrecido panorama de la ciencia chilena, este mes se difundió en las redes sociales una carta que la socióloga Ana Carolina Rodríguez envió a Mario Hamuy Wackenhut -actual presidente de Conicyt-, y que también decidió subir a Facebook. Rodríguez fue becaria del programa Becas Chile para estudios de doctorado en Ciencias Agrarias con mención en Conservación de Turberas y Humedales en la Universidad de Humboldt-Berlín, en Alemania, entre 2011 y 2015. Su tesis se basó en una monografía sobre la Primera clasificación hidrogeomórfica de turberas en las cuencas de los ríos Baker y Pascua, en la Región de Aysén (ver aquí la carta publicada en Facebook).

Aun cuando se había especializado en un área muy poco explorada en Chile y de gran proyección, Rodríguez comenzó a observar cómo un obstáculo tras otro le impedía ejercer su postgrado en el mismo país que se lo había financiado.

“Con los $300.000 que la Beca Chile me otorgó como ayuda al retorno, financié un viaje a Coyhaique para exponer ante profesionales del CIEP (Centro de Investigación en Ecosistemas de la Patagonia) y ante el SEREMI de Agricultura, en aquel entonces, Sr. Horacio Velásquez. Ambos me concedieron fechas para exponer. Sin embargo, el SEREMI, un par de días antes del vuelo, canceló sin motivos claros la cita que me había concedido. Mi decepción fue aún mayor cuando ninguna persona del CIEP fue a la charla realizada el jueves 12 de noviembre de 2015, en la sede de Coyhaique de la Universidad Austral, a pesar de que ellos habían apoyado la realización de la investigación”, escribe Rodríguez en la carta que se ha viralizado en redes sociales.

Así, tras insistir con diversos centros de investigación para trabajar en su especialidad, comprobó que no existía campo laboral para ella; todos le habían cerrado las puertas. Y sentenció: “A 15 meses de mi regreso a Chile, queremos comentarles que ya no podemos más vivir aquí. Personalmente, no estoy retribuyendo nada porque este país no me necesita. No tiene ninguna lógica seguir aquí, pudriéndome en la frustración y muriéndome de hambre. Estamos muy tristes al respecto, pero, a la vez, conscientes de que intentamos todo para poder lograr insertarnos aquí”.

En un artículo publicado en El Mercurio, Conicyt respondió por medio de un comunicado a la situación denunciada por Rodríguez, donde afirma que “todos quienes postulan a este programa saben que no existe una promesa de reinserción laboral asociada. Lo único que éste incorpora es dar las facilidades para que los becarios adquieran las herramientas necesarias para ampliar sus capacidades en el área que ellos mismos eligen”. Es decir, la entidad ratifica la falta de oportunidades laborales para la reinserción nacional de capital humano avanzado.

 “La ciencia también es política”

Rodrigo Dover, organizador de la “Marcha por la Ciencia” en Santiago. Crédito: Francisca Soto.

Investigadores chilenos de todas las disciplinas se han sumado a “March for Science” con la finalidad de reivindicar la importancia de la ciencia para el desarrollo del país, y visibilizar los problemas que subyacen al caso chileno. En este sentido, Rodrigo Dover Aburto, organizador de la “Marcha por la Ciencia” y estudiante de Licenciatura en Ciencias con mención en Biología de la Universidad de Chile, afirma que en este momento hay más investigadores que nunca, sumado a que se están viviendo momentos cruciales con la formación de un Ministerio de Ciencia y Tecnología, de manera que no se pueden restar del debate nacional (ver aquí el discurso del 22 de abril de 2017, durante la Marcha por la Ciencia).

“El movimiento que se ha formado en nuestro país es parte del llamado a nivel global de que tenemos que organizarnos y actuar para defender la ciencia y la investigación, tanto nacional como mundial; y, además, dejar en claro que el aporte que hace la ciencia es tal, que las y los investigadores tenemos una responsabilidad con la sociedad, lo que implica que la ciencia también es política”, señala.

-¿Qué diferencias hay entre el petitorio chileno con las demandas estadounidenses?

-Los estadounidenses tienen problemas con su gobierno, pues está aplicando políticas anticientíficas, cuyo objetivo es restringir el desarrollo de la investigación, la difusión de sus conocimientos y llegando, incluso, a ignorar o eliminar por completo la evidencia científica al momento de hacer políticas públicas -por ejemplo, algunos investigadores han dicho que sus datos han empezado a ser eliminados de la base de datos de la EPA (Agencia de Protección Ambiental de EE.UU.), con el fin de rechazar la evidencia existente sobre el cambio climático-. Para el caso de nuestro país, como investigadores queremos reconocer la importancia de la búsqueda del conocimiento y mostrar nuestros aportes y debilidades para la construcción de un país más justo y equitativo. Es por eso que en nuestro petitorio hablamos sobre poner urgencia al actual proyecto del Ministerio de Ciencia y Tecnología, definiendo políticas, estrategias y lineamientos donde se involucren todos los actores; aumentar el presupuesto destinado a esta área al 1% del PIB asociado al plan que presentó la comisión asesora de la presidencia “Ciencia para el Desarrollo”; revisar las condiciones laborales de asistentes de investigación, postdoctorados y otros investigadores que trabajan a boletas de honorarios y sin una asociación formal a las instituciones donde trabajan; solicitamos que el gobierno genere la carrera de investigador; fomentar la investigación en regiones, potenciando talentos locales y brindando oportunidades de desarrollo descentralizado; incentivar la inserción de profesionales con grado de doctor y/o formación científica en diferentes funciones dentro del Estado, con el fin de generar políticas públicas basadas en la evidencia; entregar mayor soporte y presupuesto a los programas que fomentan y construyen una cultura científica en el país; revisar la autonomía de los Consejos Superiores de Fondecyt en la nueva agencia; desarrollar programas específicos a la participación de mujeres en ciencia y otras minorías, y, a corto plazo, mejorar la gestión de Conicyt.

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Rodrigo Dover, organizador de la Marcha por la Ciencia: “La ciencia y la investigación ayudan a tomar decisiones sobre el país que queremos, pues aportan evidencia para la generación de políticas públicas”. Crédito: Francisca Soto.

-¿Cuál es el llamado que usted hace a la ciudadanía con relación a la situación que vive la ciencia en Chile?

-Mi llamado sería a que nos apoyen y participen con nosotros, que no vean a la ciencia -o la investigación- como algo raro y restringido solo para algunos iluminados. La ciencia es parte de nuestro día a día. Gracias a los aportes que se han hecho a lo largo de los años, entendiendo a la naturaleza, es que tenemos tecnologías que nos benefician y ayudan a resolver problemáticas de distintas áreas, desde hervir el agua para nuestros desayunos hasta tener trasplantes de corazón, o llegar a describir nuestro firmamento sobre nuestras cabezas. Por otro lado, la ciencia y la investigación ayudan a la elaboración de políticas públicas y toma de decisiones. Vivimos en un país donde se importan muchas cosas. ¿Queremos acaso que nuestros gobiernos también importen evidencia externa para decirnos cómo es nuestro país, o dejamos que esta tarea sea realizada por investigadores que conocen su territorio? La investigación debe entenderse como una actividad en donde se entrega información para tomar decisiones y evitar que nos engañen, y esta actividad puede ser desarrollada por cualquier persona que quiera ampliar su conocimiento sobre alguna área y que quiera transformar la sociedad.

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Logo de la “Marcha por la Ciencia” en Chile, creado por los organizadores.

-¿Qué espera la organización de las autoridades?

-Que estas no hagan oídos sordos sobre lo que pasa en nuestro país. Parafraseando un título de un fragmento publicado por colegas en un periódico de circulación nacional hace meses: “Que nuestros gobiernos no escojan la ignorancia”. Que trabajen para que nuestras demandas no queden solo como algo más, pues mejorando la calidad del trabajo de las y los investigadores se mejoraría el aporte que generamos. Asimismo, que nuestro actuar no se vea dificultado por nuestros parlamentarios. Quisiéramos que, por ejemplo, exista diversidad en nuestras instituciones públicas, ya que actualmente hay burócratas de unas cuántas carreras (economistas, abogados e ingenieros), y no se refleja la gran diversidad de expertos de distintas áreas que representa a nuestro país; es decir, que los espacios se abran a la ciudadanía.

-¿Por qué es importante la ciencia para el desarrollo de Chile?

-La ciencia y la investigación ayudan a tomar decisiones sobre el país que queremos, pues aportan evidencia para la generación de políticas públicas. No basta decir que queremos el ‘desarrollo del país’, sino que es más importante definir qué tipo de desarrollo queremos para Chile. Basta observar informes de impacto ambiental que a veces no son considerados para poner una fábrica, una minera o un vertedero, afectando así al ecosistema del lugar o a los pueblos o ciudades aledañas. Claro ejemplo de esto es Til Til o lo que sucede actualmente en el norte de nuestro país. Sin la ciencia o investigación en cualquier área del conocimiento, no podríamos conocernos, mejorar nuestra calidad de vida, desarrollar nuevas tecnologías, comprendernos como sociedad, conocer nuestra historia, entre otros. La investigación es un motor que hace avanzar a la sociedad y que pone en evidencia las verdades del mundo, dejando de lado mentiras como la pseudociencia o la posverdad. ¿Cuál es la ciencia que queremos? Es algo que tenemos que decidir entre todas y todos y que sea parte del proyecto país que anhelamos, donde se valore la visión de los expertos por sobre los intereses económicos. Y que se avance a un país donde se entienda que la investigación transforma a nuestras sociedades, porque investigar es un acto multidisciplinar, multicultural y diverso al momento de pensar y generar el país que queremos.

En este video, diferentes investigadores responden la pregunta: ¿Por qué es importante para ti la ciencia y/o la investigación?, en el marco de la “Marcha por la Ciencia”.

Es fundamental que los científicos acerquemos el conocimiento a las personas de forma innovadora”

Cristina Dorador, doctora en Ciencias Naturales con mención en Microbiología y académica del Departamento de Biotecnología de la Facultad de Ciencias del Mar y Recursos Naturales de la Universidad de Antofagasta. Crédito: Prensa U. de Antofagasta.

Aunque la planificación de la Marcha por la Ciencia partió en la Región Metropolitana, los investigadores de regiones también participaron. Así, en Antofagasta llegaron más de 300 personas, quienes se reunieron en la Plaza Colón.

Cristina Dorador, académica en la Universidad de Antofagasta e investigadora del Centro de Biotecnología y Bioingeniería de la Universidad de Chile (CeBiB), es coordinadora de la zona norte para “Más Ciencia para Chile” -iniciativa ciudadana que nació a finales del año 2010 con el objetivo de abrir el debate respecto a la urgente necesidad de que Chile tenga más y mejor ciencia y tecnología-, y fue la responsable de organizar la marcha en su región.

Dorador, que es experta en Ecología Microbiana, señala que los chilenos han adherido a la movilización nacional porque creen que es importante dar a conocer de forma masiva la importancia de la ciencia para la sociedad, junto con mostrar los desafíos que enfrenta la actividad científica en la actualidad.

-Durante la Marcha por la Ciencia, nos dimos cuenta de que a la gente le interesa mucho la investigación científica. En Antofagasta, particularmente, realizamos actividades de divulgación y también dando instancias de participación directa a la comunidad. Es fundamental que los científicos acerquemos el conocimiento a las personas de forma innovadora, ya que se hace necesario el desarrollo de cultura científica a todo nivel –afirma.

La antofagastina espera que con este evento las autoridades consideren la voz de los científicos en distintas instancias y que exista una política científica nacional que incluya a todos los actores.

-Si queremos dejar de ser un país que depende de sus recursos naturales y nos proyectamos como un país con un mejor vivir, debemos desarrollar ciencia y tecnología. Tenemos todas las condiciones para aquello: laboratorios naturales, universidades que forman científicos, científicos jóvenes con muchas ganas de contribuir al bienestar de las personas, entre otros. La ciencia avanza rápidamente y no puede ser que nos quedemos atrás con modelos y formas de ver la sociedad que ya no representan lo que somos –concluye.

“Marcha por la Ciencia” en Antofagasta; por Antofagasta TV.

La esperanza está en el Ministerio de Ciencia y Tecnología

En el último tiempo, los investigadores han tratado de evidenciar por diversos medios las dificultades que han tenido con Conicyt. Así, por ejemplo, en una carta enviada a El Mostrador el 4 de enero de 2017, la Comisión Becas de la Red de Investigadores Chilenos (ReCh) expuso una serie de problemas que aquejan a los becarios chilenos en el extranjero: otorgación de convenios de financiamiento condicionados a la firma de pagarés en blanco, pasando por bajos montos de manutención para el becario y sus dependientes -sin reajustes anuales-; plazos de término de los programas no acordes con las exigencias académicas de algunas universidades extranjeras; la imposibilidad de continuar estudios financiados por fuentes distintas a las entregadas por Conicyt, y, finalmente, que no existen mecanismos de retribución alternativos a la permanencia geográfica en Chile, considerando que actualmente en el país no hay plazas laborales suficientes para absorber el alto número de investigadores, por lo que estos deben volver al país a enfrentar la cesantía.

Por todas estas presiones, el Gobierno ha tenido que buscar rápidamente alternativas para salir de las dificultades en que se encuentra inmersa la principal agencia científica del país. Una de ellas es la ley que permitirá que ex becarios puedan regularizar su situación pendiente, extendiendo el plazo hasta el 29 de diciembre de 2017 para acreditar el cumplimiento de sus obligaciones que, de forma inédita, será enviando copias simples de sus grados académicos sin tener que recurrir a una notaría.

En esa misma línea está el proyecto de ley que la presidenta Michelle Bachelet firmó en enero de 2017, y que crea el Ministerio de Ciencia y Tecnología. Un órgano rector, que promoverá y orientará el desarrollo científico-tecnológico del país y sus regiones (Descargue aquí el documento del proyecto de ley que crea el Ministerio de Ciencia y Tecnología que presentó la Mandataria en el Senado).

“Estará encargado de asesorar y colaborar con el Presidente de la República en el diseño, formulación, coordinación, implementación y evaluación de políticas, planes y programas destinados a fortalecer la ciencia y tecnología. Contará con diversas funciones y atribuciones para el desempeño de sus labores, dentro de los cuales destaca la tarea de diseñar los programas e instrumentos que deberá ejecutar la Agencia para el otorgamiento de subvenciones, préstamos u otras ayudas para el desarrollo de la ciencia y tecnología en nuestro país. El Ministerio también tendrá el rol de fomentar las relaciones con entidades extranjeras en las materias de su competencia, permitiendo un adecuado diálogo con el ámbito internacional en ciencia y tecnología”, se señala en el Boletín Nº 11.101-19 del proyecto de ley presentado en la Cámara Alta sobre las atribuciones del Ministerio de Ciencia y Tecnología.

Además de un Ministerio de Ciencia y Tecnología, el proyecto de ley contempla dos grandes pilares. En primer lugar, la creación de una Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo, descrito como un servicio público descentralizado, encargado de administrar y ejecutar programas e instrumentos destinados a promover, fomentar y desarrollar la ciencia y tecnología. Y, en segundo lugar, el fortalecimiento de la institucionalidad pública para ciencia, tecnología e innovación (CTI), por medio de una Estrategia Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación, que será elaborada por el Consejo Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación; la existencia de una Política Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación, que será elaborada por un Comité Interministerial, y finalmente un Plan de Acción que desarrollará la forma de implantar la Política, también elaborado por el Comité Interministerial (ver aquí seguimiento del proyecto de ley en la Cámara Baja).

Un avance que la comunidad científica ve con incertidumbre, aunque también esperanzada en que la implantación de la nueva institucionalidad responda a las demandas de los investigadores que salieron a las calles a marchar por la ciencia. Y cuyo éxito dependerá, entre otras cosas, de cómo se lleve a cabo su gestión.

Galería de fotos de la “Marcha por la Ciencia” en Santiago de Chile. Créditos: Francisca Soto.