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La vida invisible del norte bajo la lupa de Cristina Dorador

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Microorganismos
Cristina Dorador, doctora en Ciencias Naturales con mención en Microbiología y académica del Departamento de Biotecnología de la Facultad de Ciencias del Mar y Recursos Naturales de la Universidad de Antofagasta. Crédito: Prensa U. de Antofagasta.

Es académica de la Universidad de Antofagasta y una de las pocas chilenas expertas en Ecología Microbiana. Su línea de investigación contempla el estudio de los extremófilos, microorganismos que habitan lugares en condiciones ambientales extremas, fundamentales para desvelar pistas sobre el origen de la vida y desarrollar aplicaciones biotecnológicas. Hoy, sin embargo, la sobrevida de estas especies peligra ante el avance indiscriminado de la minería no metálica en el norte del país.

Cristina Dorador, doctora en Ciencias Naturales con mención en Microbiología y académica del Departamento de Biotecnología de la Facultad de Ciencias del Mar y Recursos Naturales de la Universidad de Antofagasta. Crédito: Prensa U. de Antofagasta. Crédito: Explora-Conicyt.
Cristina Dorador, doctora en Ciencias Naturales con mención en Microbiología y académica del Departamento de Biotecnología de la Facultad de Ciencias del Mar y Recursos Naturales de la Universidad de Antofagasta. Crédito: Explora-Conicyt.

A pesar de su habilidad con la música y su interés en ser paleontóloga, dejó su vida en Antofagasta para estudiar Biología en Santiago. Mientras piensa en alguien que la alentara a continuar una carrera científica, rememora la figura de la profesora Nancy Arán, con quien logró extraer clorofila de vegetales y observó las primeras células al microscopio. Durante sus años de estudiante en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile, no solo conoció a sus mejores amigos, que hoy están repartidos por el mundo, sino que también tuvo sus primeros acercamientos a la Ecología Microbiana, una especialidad poco común dentro de la Microbiología.

-Recuerdo el día en que la profesora Irma Vila me abrió las puertas de su laboratorio de investigación: eso fue crucial para dedicarme a la ciencia -cuenta.

Cuando cursaba el segundo año de carrera, con 19 años, incentivada también por la primera limnóloga de Chile, la profesora Vila, tuvo la oportunidad de exponer su primer trabajo científico en la Reunión de la Sociedad de Ictiología. Así, poco a poco comenzó a conocer otras áreas de la biología y, del mismo modo, la variedad de escuelas de pensamiento.

-Tuve la oportunidad de realizar una unidad de investigación con la profesora Margarita Carú, donde aprendí que se podían usar marcadores moleculares para estudiar microrganismos en el ambiente -recuerda-. Posteriormente apoyé un proyecto de la profesora Gabriela Castillo sobre bacterias en aguas residuales, y todo eso hizo que me interesara cada vez más la Ecología Microbiana.

Tras su experiencia en el Laboratorio de Limnología y finalizar sus estudios de Licenciatura en Ciencias con mención en Biología, Cristina Dorador finalmente optó por realizar su doctorado en microorganismos del norte de Chile, en la Universidad de Kiel, Alemania. Así comienza su incesante búsqueda en desentrañar los misterios de la vida invisible de los ambientes más hostiles del norte chileno.

Medio de cultivo de microorganismos. Crédito: Wikimedia Commons.
Medio de cultivo de microorganismos. Crédito: Wikimedia Commons.

-Gran parte de la población maneja escasos conceptos de Biología. ¿Cómo le explicaría a un niño qué es un microorganismo?

-Los microorganismos son la vida invisible. Ese es un concepto crucial, ya que como no los vemos a simple vista (nivel celular), es difícil imaginarse que existen. Es por eso que las actividades prácticas y lúdicas son fundamentales. Por ejemplo, cultivar en una placa de Petri las bacterias de la mano, es una demostración clara de que hay organismos asociados a nuestro cuerpo pero que no los vemos. El arte también es una buena manera, ya que las formas celulares microbianas, sus colores y texturas, permiten también generar un espacio de creación junto con adquirir conocimiento científico.

-¿Por qué es importante el estudio de los microorganismos?

-Porque somos un planeta microbiano. Desde el punto de vista de la diversidad biológica, somos una excepción. Los microorganismos son las formas de vida más diversas y abundantes del planeta. La vida original, presente y futura es microbiana. De hecho, nosotros como humanos somos una convivencia de microorganismos y células humanas bajo un equilibrio dinámico, y que trasciende a la individualidad misma de una persona. Además, los microorganismos son los responsables de los mayores procesos biogeoquímicos de la Tierra, determinando, por ejemplo, aspectos del clima.

-¿Por qué se dice que estamos viviendo una “revolución microbiana”?

-La microbiología es una ciencia que se inicia con un invento espectacular: el microscopio. Esta sencilla herramienta permitió a los científicos de finales del siglo XIX describir por primera vez la existencia de las bacterias y, luego, relacionarlas al desarrollo de enfermedades. Esa es la Edad de Oro de la Microbiología, con personajes como Luis Pasteur o Robert Koch. Este gran avance permitió que se desarrollaran las vacunas y se hicieran grandes esfuerzos por encontrar nuevos antibióticos para la cura de enfermedades infecciosas. También, en esa época hubo avances importantes en el estudio de los microorganismos del ambiente. Solo a finales de los años 80, con la invención y masificación de la técnica de PCR (amplificación en cadena de la polimerasa), se realizó la secuenciación del gen 16S rRNA, revelando que existían 3 dominios de la vida, de los cuales solo dos estaban integrados por microorganismos (Bacteria y Archaea). Con estas técnicas moleculares iniciales, se descubrió en los 90 que la mayoría de los microorganismos no se podrían cultivar (“la mayoría desconocida”) y que estaban presentes en todas partes. Sin embargo, el nivel de alcance de estas técnicas estaba limitado a los grupos microbianos más abundantes y más frecuentes. Desde hace 10 años aproximadamente, se empiezan a utilizar nuevas técnicas de secuenciación (secuenciación de próxima generación), las cuales permitieron acceder a “la mayoría desconocida”, de forma amplia y a bajo costo, profundizando aún más el hecho de que existe una vasta diversidad microbiana en todos los ambientes; incluso en el cuerpo humano (microbioma humano). Además, se desarrollaron otras técnicas como la genómica de una célula (single cell genomics), las cuales han permitido conocer los metabolismos o funciones putativas de grupos microbianos que no se pueden cultivar, pero que se sabe que están presentes en algún ambiente. Recientemente el Gobierno de Estados Unidos lanzó la Iniciativa Microbioma, la cual busca secuenciar distintos ambientes para generar información de primer nivel y desarrollar áreas como la medicina, agricultura y energías, entre otras.

-¿Qué son los extremófilos? Usted lleva más de diez años estudiando ese grupo de microorganismos en el norte de Chile.

-El concepto ‘extremófilo’ describe a aquellos organismos que viven en condiciones extremas, es decir, sistemas con condiciones ambientales que hacen que la vida sea difícil de desarrollarse. Sin embargo, esta descripción nace desde una perspectiva humana. En general, estos ecosistemas extremos presentan una baja diversidad biológica visual (animales, plantas…), pero son dominados por microorganismos, que son muy diversos. Los microorganismos en sí no son extremos. Están altamente adaptados a estas condiciones ambientales; es su nicho, su hábitat.

-¿Dónde es posible hallar microorganismos extremófilos en Chile?    

-En Chile, hay innumerables hábitats considerados extremos. Lagos ácidos, salinos, fríos, calientes. Desiertos fríos y cálidos. Cumbres. Glaciares. De hecho, en ambientes considerados “no extremos”, también es posible encontrar microorganismos que sobreviven, por ejemplo, a altas temperaturas o a una alta salinidad. Lo interesante es el amplio rango de sobrevivencia.

Dra. Cristina Dorador. Crédito: Comunicaciones UA.
Dra. Cristina Dorador. Crédito: Comunicaciones UA.

-¿Qué hallazgo(s) ha descubierto desde que comenzó a estudiar los microorganismos extremófilos?

-Lo que estudio es la diversidad y función microbiana en ambientes expuestos a variables ambientales extremas. Justamente, lo más interesante fue descubrir la alta diversidad de estos microorganismos, lo cual es todo lo contrario al conocimiento tradicional de que la vida es “improbable” en estos sistemas. Lo que llama la atención es cómo logran vivir bajo, por ejemplo, 1000 W/m2 de radiación solar diaria; con cambios de temperatura entre -15°C en la noche y +20°C en el día, y alta salinidad, entre otros. La clave es que estas múltiples variables extremas hacen que sean microorganismos muy versátiles y altamente adaptables.

-¿Por qué es importante conocer la biodiversidad microbiana de Chile, sobre todo aquellos considerados como ‘extremófilos’?

-Estos ecosistemas son dominados por microorganismos y son la base trófica y funcional del sistema. Es decir, no estudiarlos y no relacionarlos con otros componentes es obviar lo más diverso y más abundante. Por consiguiente, en vista del conocimiento actual, cada organismo convive con numerosas especies microbianas, las cuales son clave para su existencia. No conocer o estudiar a los microorganismos es obviar el pilar de vida en la Tierra.

-¿Por qué hay quienes hacen la analogía entre estudiar microorganismos extremófilos en el Desierto de Atacama y una eventual presencia de ‘vida’ en Marte?

-El Desierto de Atacama es un sistema muy especial; sus condiciones no han cambiado en millones de años y hay sectores donde se dan ciertas características muy particulares, por ejemplo, la sequedad extrema y la composición mineral de sus suelos. Los hábitats de vida microbiana en este sistema son acotados; en otros términos, dentro de las rocas de sal, donde se han encontrado comunidades de cianobacterias que hacen fotosíntesis y junto con arqueas halófilas, generan un micro-ecosistema dentro de la roca. Se ha propuesto que el Desierto de Atacama es análogo a Marte por varios motivos; quizá el más importante es por la composición del suelo y sus sales, por lo que, si se encuentran microrganismos asociados a este ambiente, podrían ser formas de vida similares a las que existirían o existieron en Marte. Recientemente se dio la noticia de la presencia de sales hidratadas en Marte, y justamente asociado a este tipo de sales se ha encontrado vida microbiana en el Desierto de Atacama.

-¿Existe algún biomarcador reciente que sea últil para pensar en vida extraterrestre en la galaxia?

-En la Tierra usamos el gen ribosomal 16S como marcador filogenético, ya que es un gel altamente conservado. El avance de técnicas moleculares y de secuenciación ha permitido profundizar en el conocimiento de la diversidad microbiana a escala genómica y metagenómica, revelándose que hay una vasta cantidad de microorganismos que no poseen dicho gen, por lo que son aún más invisibles a nuestros métodos. La presencia de ADN en algún otro planeta sería reveladora.

-¿Qué se propone, entonces, al estudiar “bacterias raras” en salares?

-Uno de los principales descubrimientos al estudiar diversidad microbiana utilizando aproximaciones metagenómicas mediante técnicas de secuenciación masiva, fue que existía una gran cantidad de taxa microbianos que se encontraban en baja abundancia relativa (<0,1%). En el Salar de Huasco, por ejemplo, hay sitios donde el 60% de todos los grupos microbianos están en baja abundancia y son considerados raros. Asimismo, se sabe que hay grupos raros que son clave para el funcionamiento de los ecosistemas. En otras palabras, nuestra visión del mundo cambió respecto a que algún taxa por ser abundante y frecuente tiene mayor importancia. Ahora bien, lo que me interesa estudiar es cómo se produce esta alta diversificación y si estos grupos distintos están teniendo, a su vez, funciones distintas. Es una pregunta difícil de responder, considerando que, además, estos grupos raros no se pueden cultivar.

-Usted ha dedicado años al estudio de la vida invisible en ecosistemas inhóspitos del desierto chileno. En este sentido, ¿cuál es la importancia de la biodiversidad microbiana, por ejemplo, para un salar?

-Es fundamental. Sin microorganismos ningún sistema natural existiría. En el caso de un salar, los microorganismos son los responsables del ciclaje de la materia orgánica; regulan los ciclos biogeoquímicos, son simbiontes de otros organismos y, además, son parte crucial de las tramas tróficas. Frecuentemente se asegura de que los flamencos se alimentan de Artemia y a eso se debe su color rosado. Sin embargo, es posible que se estén alimentando también de tapetes microbianos, generando su coloración tan típica.

La minería no metálica amenaza la sobrevivencia de extremófilos

Salar de Atacama. Crédito: Wikimedia Commons.
Salar de Atacama. Crédito: Wikimedia Commons.

En la actualidad existen empresas dedicadas a la minería no metálica, como Rockwood Lithium y SQM, que extraen litio en el Salar de Atacama. El Estado les ha entregado derechos de aguas sin tener una presencia fiscalizadora en el lugar. También, hay quejas de pueblos atacameños que durante décadas han denunciado la contaminación de aguas y el uso irregular del recurso. ¿Podría afectar la extracción de litio en el Salar de Atacama a la biodiversidad de microorganismos que habita el lugar?

“Por supuesto. La extracción de litio en un salar implica su destrucción; en este caso, en el sector donde se encuentran las faenas. No son procesos sustentables, amigables, o algo por el estilo. Los salares son sistemas terminales, que se mantienen por el agua que ingresa, la cual es siempre menor a la que se pierde mayormente por evaporación. En el Altiplano hay salares activos, sin embargo, en el desierto (depresión central), hay pocos salares que aún tienen agua superficial, uno de ellos es el Salar de Atacama (lagunas), en las cuales es posible ver a los flamencos. Al remover la capa de sal y exponer la salmuera enriquecida naturalmente de litio, significa que se modificó y destruyó un hábitat microbiano”, señala la doctora en Ciencias Naturales con mención en Microbiología y académica del Departamento de Biotecnología de la Facultad de Ciencias del Mar y Recursos Naturales de la Universidad de Antofagasta.

Y agrega: “Quizá a nadie le importe, porque nadie ve a los microorganismos (menos en costras de sal), sin embargo, son un tesoro biológico que aún conocemos muy poco. Por otro lado, extraer aguas subterráneas puede estar afectando la disponibilidad de agua superficial, afectando al resto de los componentes del sistema (flora y fauna). Esto se liga con las preguntas anteriores. Necesitamos planes de investigación a largo plazo en estos ecosistemas, más allá de líneas de base ambientales, ya que hay conocimiento científico que hay que generar”.

-En sus años de investigación, ¿ha encontrado alguna evidencia que relacione a microorganismos extremófilos y sales de litio?

-Debido a la alta diversidad microbiana, la cual tendría un correlato funcional, es posible decir que los microorganismos son capaces de obtener energía o transformar elementos de distintas maneras. Hemos encontrado bacterias capaces de oxidar yodo, de biolixiviar cobre, etc. El caso del litio no debería ser la excepción. Actualmente hay algunos trabajos en curso al respecto.

-Usted ha señalado que un salar es un ecosistema único. ¿Qué implica esa afirmación para aquellos microorganismos extremófilos, ya sean virus o bacterias, que habitan el Salar de Atacama? ¿Qué sucede si una de las poblaciones de microorganismos extremófilos que habita hoy ese ecosistema desapareciera producto de la extracción excesiva de litio?

-Desde el punto de vista de la historia natural, es una catástrofe. Como dije, los salares son sistemas terminales. Nos están contando como serán los lagos en el futuro (ya sea por intervención antrópica o cambio climático); además, nos dicen cómo fueron las condiciones iniciales del planeta y, también, nos alumbran en cómo serían las condiciones para la vida en ambientes análogos a la Tierra. Por otro lado, debido a sus adaptaciones tan especiales para vivir en estos ambientes hipersalinos, con gradientes fuertes de temperatura, producen compuestos bioactivos que podrían tener una aplicación para el hombre, como anticancerígeno o antibacteriano. Es decir, es un tesoro genético que se estaría perdiendo antes de que lo conozcamos. Es triste decirlo, pero los salares no provocan la misma empatía que los glaciares. Es cierto que la industria del litio es importante para el país, pero tenemos que considerar sus amplios costos ambientales. Junto con el turismo intensivo en la parte norte y la explotación de litio en la parte sur, el Salar de Atacama (como lo conocemos) sobrevive a su lenta desaparición.

Flamencos andinos (Phoenicoparrus andinus) en el Salar de Atacama. Crédito: Wikimedia Commons.
Flamencos andinos (Phoenicoparrus andinus) en el Salar de Atacama. Crédito: Wikimedia Commons.

-¿Qué consecuencias para el resto de los organismos, como los flamencos, podría tener una eventual disminución en la población microbiana en el Salar de Atacama producto de las faenas de extracción de litio?

-Es difícil responder esa pregunta porque no hay estudios al respecto. Es más, se sabe muy poco sobre las tramas tróficas de los flamencos. No obstante, en un escenario crítico, donde se sequen las lagunas, simplemente ya no llegarán estas aves, teniendo que migrar a otros salares. Hay salares que han sufrido la extracción masiva de agua (Salar de Lagunillas, Región de Tarapacá) y que nunca se han podido recuperar. Otros salares han sido usados como tranques de relave de la minería del cobre. En otras palabras, se han perdido sistemas con un patrimonio natural invaluable y que no alcanzamos a conocer. Estamos llegando muy tarde.

“La Ecología Microbiana es un área deficitaria en el país”

-¿Existe en Chile una base consolidada de estudios sobre microorganismos que habitan el país? ¿Está el Estado en deuda con respecto al financiamiento de este tipo de estudios?

-La Ecología Microbiana es un área deficitaria en el país. La microbiología en sí es un área de larga data de estudio en Chile, con grupos focalizados principalmente a las grandes universidades santiaguinas, pero existen aún pocos grupos de investigación dedicados a este tema. Sin embargo, el impacto de la Ecología Microbiana en distintas áreas ha motivado a que se estén formando nuevos investigadores en el área, por lo que se espera que crezca esta disciplina en los próximos años. En consecuencia, es muy importante que haya financiamiento para aquello; es decir, que los nuevos investigadores tengan las condiciones adecuadas para desarrollar esta investigación de frontera.

-¿Por qué Chile debe financiar estudios en Microbiología o Ecología?

-El Estado de Chile debiese financiar todas las áreas del conocimiento. Si queremos desarrollarnos como una sociedad fraterna y humana, debemos fomentar las condiciones de creación y generación de conocimiento en libertad. La discusión actual es propender a financiar áreas específicas o prioritarias, o como se dice: “lo que el país necesita”, que es una perspectiva generalmente económica y no científica. Ahora, Chile, por ejemplo, carece de una base sólida de conocimiento de nuestra flora y fauna porque no se financian proyectos de taxonomía y sistemática. Esto produce que no sepamos sobre nuestra riqueza natural y que muchas de estas especies hayan desaparecido sin ni siquiera haber sabido de su existencia. Eso no puede ser. En vista de la importancia fundamental de los microorganismos como moduladores de los ecosistemas (además de otros diversos roles), se debería propiciar el estudio de los microorganismos de una manera amplia y multidisciplinaria. Actualmente contamos con técnicas avanzadas para su descripción y estudio, los cuales abarcan desde el microbioma humano hasta el microbioma de los edificios y de la Estación Internacional Espacial, por ejemplo.

La Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (Conicyt) se orienta hoy por dos grandes objetivos o pilares estratégicos: el fomento de la formación de capital humano y el fortalecimiento de la base científica y tecnológica del país. Así pues, los fondos destinados para Conicyt en 2017 serán $314 millones, monto similar a este año. Con respecto a años anteriores, sin embargo, habrá menor cantidad de investigaciones adjudicadas por centros regionales y becarios de doctorados. Es decir, existiría un estancamiento y, además, falta de académicos en la entidad, por lo que innumerables investigadores no se sentirían representados en el organismo. Por otro lado, tras los resultados del “Primer Taller Conflictos y Propuestas para la Investigación en Chile” los científicos advierten una notoria precariedad laboral en el rubro y, asimismo, demandan un apoyo a la regionalización y mayor transparencia en los concursos de Conicyt.

-¿Cuál es su opinión sobre cómo ha funcionado el organismo estatal? A partir de su experiencia, ¿qué cambio haría si fuera usted la convocada a dirigir Conicyt?

-Conicyt es la principal agencia de financiamiento de investigación en el país y su programa Fondecyt es el único que financia investigación en todas (la mayoría de) las áreas del conocimiento, y es lo que ha permitido que Chile tenga una posición relativamente favorable en el contexto latinoamericano respecto a productividad científica. Eso es muy valorable. Es cierto que hay variadas críticas respecto a la gestión, y es justamente porque Conicyt necesita crecer, convertirse en (o formar parte del) Ministerio de Ciencia y Tecnología (es una alternativa), pero es urgente que los recursos aumenten y que las políticas de ciencia sean adecuadas, consensuadas, descentralizadas y con mirada de futuro. Destaco la labor de los funcionarios de Conicyt, que, pese a numerosos problemas, tratan de cumplir de la mejor manera su trabajo. Nuestra comunidad científica es aún pequeña, focalizada en la Región Metropolitana, con grupos específicos consolidados de investigación. Conicyt, al crecer, debería desarrollar programas de creación de nuevas líneas de investigación pensando en los investigadores jóvenes que buscan insertarse en el medio. Hay ganas, talento, motivación, pero sin recursos y con una mirada de país centralizada, es difícil avanzar. Y no podemos desperdiciar lo mejor de lo nuestro: los jóvenes científicos. Hay oportunidades de desarrollo amplias en regiones, por lo que un plan de inserción regional masivo sería un motor de cambio para el país.

-Usted mencionó un Ministerio de Ciencia y Tecnología. ¿Es realmente necesario?

-Si existiese un Ministerio de Ciencia y Tecnología, se podría formalizar y poner en primera línea la ciencia en el país. Sin embargo, si este ministerio funciona con poco presupuesto, con influencias políticas basadas en el crecimiento económico, creo que no va a ayudar a lo que necesitamos. Es un tema complejo que requiere una mirada a largo plazo, honesta y plural. El país tiene que convencerse de que sin ciencia no hay futuro. Y desde Santiago, tienen que comprender que el país lo componemos muchas personas a lo largo y ancho de Chile, con distintas realidades, miradas y opiniones.

Científicas chilenas: “su labor es invisibilizada o estereotipada”

Doctora Cristina Dorador en terreno. Crédito: Cebib.
Doctora Cristina Dorador en terreno. Crédito: Cebib.

-¿Cuál es su visión sobre la realidad de las mujeres que se dedican a la ciencia en Chile?

-La realidad de las mujeres en ciencia no es muy diferente a la de otros países. Lo que sí es nuevo es que se hable del tema. De hecho, aún cuesta que se tomen en cuenta en algunas instituciones. Existen áreas científicas donde en números existiría paridad, pero las mujeres que se dedican a la ciencia, por diversas razones, no logran ascender en la carrera académica como los hombres. Esto hace que ocupen pocos cargos directivos o de toma de decisiones; habitualmente tenemos una visión masculina del mundo y de cómo deben funcionar estos espacios.

Cristina Dorador asegura que la discusión es muy importante y que debe permear a todas las áreas, no solamente en ciencias. “Las mujeres somos el 50% de la población, pero su labor generalmente es invisibilizada o estereotipada. Si nos preguntamos cuántas mujeres científicas conocemos, quizá se nos viene a la cabeza 1, 2 o 3 nombres. Y no es que no existan, es que no las conocemos; no están en los espacios visibles”, puntualiza.

-En mi equipo de investigación hay una alta sensibilización del tema; en ese sentido, nos apoyamos mucho como equipo. Mis estudiantes saben que soy mamá y entienden que a veces no estoy muy presente y recibo mucha comprensión y apoyo. Lo mismo para las otras mujeres que somos parte del laboratorio y que también son mamás o estudiantes que son papás. No se puede invisibilizar a la familia y hacer como que los hijos no existen. Las instituciones deberían adoptar planes de apoyo a las mujeres científicas, por nombrar algunos, en el fomento de la carrera académica y en el cuidado parental.

-¿De qué manera promovería la ciencia en niñas o adolescentes interesadas en continuar una carrera científica?

-Creo que tener referentes es fundamental y que uno se presente como científico. En Chile, la carrera como científico no existe per se; por lo mismo, la sociedad en sí no los considera como parte de un grupo de personas que tiene una importancia crucial. Uno es profesor, académico, biólogo, pero nos cuesta identificarnos como científicos. Ese es un gran paso que hay que dar. Las niñas al ver referentes (femeninos y masculinos), se reflejan en ellos y se rompen o acortan las distancias de convertirse en uno. Luego viene el tema de la motivación, que se sientan científicas, porque todas las niñas lo son. Yo los llamo jóvenes científicos. El fomento a la creación de academias científicas es muy importante para este camino. Que se incentive el pensamiento científico y crítico desde edades tempranas, hace que el mundo se abra y que los límites no se los ponga el sistema, sino más bien uno mismo. Para ello deben existir oportunidades para todos, y eso es lo que falta.