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¿Qué es la industria 4.0 y qué desafíos traerá a Chile?

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La Industria 4.0 se asocia a la automatización y la incorporación del procesamiento de grandes bases de datos al proceso productivo.

Desde hace algunos años se discute en algunos círculos empresariales y académicos, la existencia de la industria 4.0 impulsada por el impacto de la tecnología digital y el procesamiento de datos, dando vida a lo que se conoce como “fábrica inteligente”. Sus consecuencias: una explosión de la productividad, pero también una creciente automatización -y desaparición- de numerosos puestos de trabajo. El profesor Juan Pablo Torres de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile, explica de qué se trata este nuevo concepto, y qué desafíos nos pone como país.

La Industria 4.0 se asocia a la automatización y la incorporación del procesamiento de grandes bases de datos al proceso productivo.

El desarrollo de las tecnologías de la información y de la capacidad de análisis de grandes bases de datos, están impactando de numerosas formas la economía, incluida las formas de producción, generando nuevos desafíos para los países, las empresas, y los sistemas educacionales.

En particular países como Chile, cuya economía se enfoca en la exportación de materias primas sin gran valor agregado, se enfrentan al desafío de mantener condiciones de competencia con otras, en un escenario en el que numerosos trabajos pueden ser reemplazados por máquinas en los próximos años.

El profesor Juan Pablo Torres, director del Programa de Innovación de la Facultad de Economía y Negocios, analiza los desafíos asociados al desarrollo de la industria 4.0, también conocida como cuarta revolución industrial. 

¿De qué se trata la “industria 4.0” y cuál es su relación con el uso de nuevas tecnologías?

Si vemos la historia, la primera generación de industrias es la que se generó a partir de la mecanización, con el ejemplo más clásico en la invención de la imprenta, que permitió un salto exponencial en la productividad. La segunda etapa es cuando se hace la producción masiva, donde ya no se trataba de que una máquina aumentara la productividad frente a las personas sino de muchas máquinas produciendo en serie. 

Esto cambió en los años ’80 y ’90, cuando el desarrollo de los computadores y el internet permitieron una nueva explosión de productividad nuevamente no sólo en la manufactura, sino en el área de servicios que se expande rápidamente: esta sería la tercera generación.

Lo que empezó a pasar hace algunos años es que las empresas vieron la necesidad de integrarse a estos cambios digitales y globales, donde todo lo físico comenzó a ser reemplazado y los cambios tecnológicos beneficiaron a ciertas empresas aumentando su productividad a tasas de 10 por ciento.

Esto, gracias a factores como la masificación de los sistemas de información, la digitalización, y la abundancia de los sensores como dispositivos, o sea cualquier teléfono móvil o dispositivo que genera datos: dónde está uno, qué se lee, por dónde se traslada; información que las empresas vieron que eran útiles.

¿Cómo se expresaron concretamente estos cambios?

El caso más clásico es el de Adidas, que de fabricar zapatillas comenzó a generar, basado en estos sensores, aplicaciones que reunían información que las complementaba, como por ejemplo dónde se corre. Eso llevó a que las empresas empezaran a levantar y analizar mucha información para tener mejores resultados.

Pero para mí el hito que marcaría esta revolución es la aparición de computadores capaces de analizar datos no estructurados, que es un cambio radical con respecto a los años ’90, porque el enseñar procedimientos para entender contextos permite levantar información y analizarla con hipótesis simultáneas y recomendaciones que antes sólo podían hacer las personas. No es sólo la digitalización sino tener a disposición medios con estos computadores o inteligencia artificial que da soluciones manejando el contexto.

¿En qué consiste el concepto de “fábrica inteligente”?

Es cuando las empresas se embarcan en esta transformación digital, permitiendo aumentar la productividad sobre los rivales una, dos o diez veces, integrando sensores y una infraestructura de análisis de datos.

Hay un libro llamado “organizaciones exponenciales” de un profesor de la Singularity University, la Universidad alineada a la NASA, que trata de explicar que hay ciertas empresas que por alguna razón, en pocos años empiezan a tener un valor de mercado de un billón de dólares, mientras que la media del ranking “Fortune 500” se demora 20 años en llegar a ese nivel.

¿Cómo empresas tan nuevas, de dos o tres años, tienen ese valor de mercado? Muchas de ellas están en la categoría de fábricas inteligentes, que no solo es fabricar sino entender el concepto de expandir productos y servicios de manera radical.

¿Cómo vemos esta realidad en un país como Chile, donde nuestra economía está tan centrada en la explotación de commodities, pensando en la competitividad del país en el concierto mundial?

Si uno conceptualmente dice “tenemos la tecnología para producir más sin la interferencia de gran número de personas”, lo que se nos genera como pais es una amenaza, porque si tenemos sensores y un computador procesa lo que un humano puede procesar, tenemos una probabilidad real de ser reemplazados.

El 2013 se publicó un estudio de dos académicos de la Universidad de Oxford que trataron de predecir la probabilidad de automatizar un trabajo usando el mercado de EE.UU. y su conclusión fue que el 47 por ciento de los trabajos allá se pueden automatizar.

Si se analiza qué tipo de trabajos tienen mayor probabilidad de ser automatizados, probablemente está rondando el 60 por ciento de los trabajos en Chile, o sea de aquí a los próximos años tenemos una gran probabilidad de que esos trabajos sean automatizados, lo que para las empresas representa un beneficio porque reduce la estructura de costos, pero para las personas es una amenaza.

¿Cuáles son estos trabajos? Aquellos que no necesitan tanta creatividad sino son trabajos de repetición, y si tengo un computador que tiene una capacidad de procesamiento de datos mayor a los humanos va a aprender a hacer lo mismo que yo hago e incluso mejor, entonces para estos trabajos asociados usualmente al desarrollo de productos o servicios poco diferenciados como los que se desarrollan en Chile pueden ser reemplazados. Los productos y servicios no van a desaparecer, pero cada vez habrá menos personas involucradas en el proceso.

¿Qué significa esto para quienes desempeñan esos trabajos?

Si no hacemos nada respecto a estas personas que potencialmente van a ser reemplazadas por máquinas, pueden quedar cesantes próximamente, pero si comenzamos a pensar políticas públicas para enfrentar la situación, porque sabemos qué tipo de trabajos se van a ver afectados, y cómo los redistribuimos en otros sectores o proyectamos sus labores, podemos pensar soluciones.

Para imaginar el impacto de esto, un ejemplo. Hay una empresa de inteligencia artificial para seleccionar personal que está siendo impulsada por un profesor. Hablamos de una tarea que toma aproximadamente 3 meses en una compañía, pero con un software que hace una entrevista en video y genera análisis de lo que dice la persona, ve su perfil psicológico y lo cruza con la información disponible, puede levantar un perfil y decir si es adecuada o no en un tiempo mucho menor.

Entonces, con máquinas como éstas que aprenden y corrigen sus errores, el impacto puede ser enorme en empresas avanzadas de servicio básico o el retail, donde en vez de tener una gerencia de recursos humanos de 30 personas, vas a tener sólo a una. De hecho esta compañía está trabajando con una empresa chilena a un ritmo de mil curriculums, algo que tardaría un año en condiciones normales.

No es una realidad alejada, se están creando empresas en Chile que están viendo este tipo de tecnologías como algo interesante.

El profesor Juan Pablo Torres alertó sobre el impacto que estos cambios tendrán sobre el mercado laboral, y la necesidad de ajustar la formación de profesionales a las nuevas exigencias.

En ese escenario, ¿cuáles son las competencias que hay que pensar para futuros trabajadores, y cómo tenemos que pensar la educación?

Esta es una pregunta clave y central para la Universidad de Chile: en qué vamos a preparar a los futuros profesionales. Imaginemos este ejemplo de la empresa de selección de personal. ¿Cuál es la amenaza para los sicólogos laborales cuando puede surgir un computador que podría hacer ese trabajo a una escala mucho mayor, con máquinas que van aprendiendo?, ¿cómo replanteamos nuestros programas universitarios frente a estas tecnologías?

Creo que ante esto no hay soluciones, pero sí elementos para debatir al respecto. Los trabajos más difíciles de automatizar son los que demandan habilidades críticas y creatividad, porque todo lo que sea levantar y aprender información antigua pueden hacerlo los computadores. 

Hay que crear habilidades críticas para un mundo que será cada vez más complejo de entender, en un escenario donde no podemos pensar el conocimiento separado en carreras o facultades, sino a partir de la necesidad de futuros profesionales con habilidades y competencias cruzadas. 

La rapidez de la tecnología va a ser tal, que incluso estamos atrasados ya; incluso las empresas pueden desarrollar con esta tecnología sus propias instituciones educativas para generar trabajadores para sus sectores.

Esto es algo que no se puede detener, incluso si nosotros determinamos que esas tecnologías no van a entrar en el país, otros países sí las desarrollarán y nosotros no podríamos mantener el paso. 

Si como país comenzamos a potenciar este tipo de industrias, preparando los profesionales necesarios, probablemente tengamos alguna chance, porque salvo en los recursos temporalmente escasos como minerales, ante la rapidez de desarrollo de empresas como Uber, Google, Whatsapp, Tesla, Facebook, etc, sin estos cambios es difícil que como país, e incluso como región latinoamericana, podamos competir.

Fuente: Felipe Ramírez, U. de Chile.