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La historia de la niña momificada que nunca debió ser sacada de su país

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Niños y pobladores en calle principal del pueblo de La Noria, Tarapacá, hacia 1910. Crédito: memoriachilena.cl.

Su cuerpo fue exhumado, vendido y llevado a España. Hubo todo tipo de especulación en relación con su apariencia, por lo que fue expuesta sin ningún tipo de regulación a varias pruebas científicas para determinar su verdadero origen y al escrutinio de los ufólogos. Sin embargo, no fue hasta este año que un estudio de la secuencia completa de su genoma determinó su verdadera identidad: se trataba de un feto de sexo femenino y con múltiples malformaciones. Una investigación que suscitó la molestia de la comunidad científica chilena, pues se desestimó su procedencia en las consideraciones éticas. Este es el caso de una niña cuyo cuerpo sin vida alguien enterró, cubierto por una tela y una cinta violeta, y que años más tarde terminaría en la justicia.

Niños y pobladores en calle principal del pueblo de La Noria, Tarapacá, hacia 1910. Crédito: memoriachilena.cl

Todo comienza en el norte de Chile. Allí, en la región de Tarapacá y a 60 kilómetros de Pozo Almonte, yace un pueblo en ruinas. Se trata de La Noria, un asentamiento surgido en el siglo XIX como parte del proceso expansivo de la industria del salitre, y donde acontecía la vida de las familias de los trabajadores del nitrato. Fue, justamente, en este lugar donde comienza la historia de un cuerpo momificado que nunca debió ser desenterrado.

Desde que fue sustraído del desierto de Atacama, descrito inicialmente como un “esqueleto momificado de 15 centímetros de alto”, ha sido sometido a una constante exposición y manipulación, sin ningún tipo de regulación. Su extraño aspecto propició un sinnúmero de mitos en torno a su identidad, donde ufólogos aseguran hasta el día de hoy de que se trata de un supuesto “alienígena”. Esto, a pesar de que ya en 2013 una prueba de ADN arrojara que se trataba de un humano.

Este año se conoció un nuevo estudio sobre el cuerpo momificado. Investigadores de las universidades de Stanford y California publicaron un artículo en la revista Genome Research, donde aseguran que “Ata” –así bautizada– correspondería a un feto de sexo femenino con múltiples mutaciones genéticas. Esto último estaría vinculado con la apariencia de Ata, que los investigadores describieron como un “espécimen con menor cantidad de costillas, cráneo alargado y edad ósea acelerada”.

Los resultados del estudio genómico se conocieron en todo el mundo. En Chile, sin embargo, los científicos hicieron notar un enfoque que hasta ese momento nadie había considerado: las consideraciones éticas en la investigación científica.

Científicos chilenos alzan la voz

En “La niña de La Noria”, un artículo publicado en el sitio de divulgación científica Etilmercurio, su autora, la ecóloga microbiana Cristina Dorador, realiza una revisión crítica sobre el transcurso de la niña momificada, desde que es sustraída de Pozo Almonte hasta que termina con un ufólogo español y, finalmente, como objeto de múltiples estudios científicos.

“En el trabajo publicado en la revista Genome Research no se menciona la existencia de ningún permiso o consideración ética sobre la utilización del cuerpo para fines de investigación o científicos”, escribe Dorador. Y aclara, en la misma crónica: “Historias como la de La niña de La Noria deben hacernos reflexionar sobre la ética de la ciencia, sobre todo en lo que se refiere a cómo se obtienen las muestras analizadas. Un tema del que, por desgracia, no se hace cargo el equipo científico detrás del artículo publicado en Genome Research. Por ello, y a la luz de las situaciones denunciadas, esperamos que la revista haga una retractación del artículo”.

Microorganismos
Cristina Dorador, doctora en Ciencias Naturales con mención en Microbiología y académica del Departamento de Biotecnología de la Facultad de Ciencias del Mar y Recursos Naturales de la Universidad de Antofagasta. Crédito: Prensa U. de Antofagasta.

“Me llamó mucho la atención los artículos de prensa a nivel internacional sobre este caso, ya que se refieren mayormente a que el cuerpo no es alienígena o extraterrestre, y comentan sobre las múltiples malformaciones que presentaba”, cuenta Cristina Dorador, autora de la crónica La niña de La Noria, en conversación con Plataforma Científica.

¿Qué deficiencias presenta el artículo “Whole-genome sequencing of Atacama skeleton shows novel mutations linked with displasia”, publicado en la revista Genome Research?

A mi entender, el trabajo hace una buena descripción de la genómica de este cuerpo humano, analizando los genes que estarían involucrados en las múltiples malformaciones que presenta. Sin embargo, el trabajo carece de contexto sobre el origen del cuerpo y el ambiente relacionado, lo cual hubiese ayudado a entender de mejor manera este extraño caso. Pero, lamentablemente, la pregunta original no fue estudiar el efecto de los factores ambientales en la morbilidad infantil de los asentamientos del desierto de Atacama, sino que fue probar si un cuerpo altamente mutado era humano o no y qué genes estaban mutados.

¿Cuál es el cuestionamiento ético que, a su juicio, existe en este caso?

El principal cuestionamiento ético es la falta de interés por el origen del cuerpo. En el artículo no se declara nada al respecto. Este cuerpo fue desenterrado, vendido, exhibido…, pero los investigadores del estudio no consideraron eso. Y, a partir de una muestra de hueso, obtuvieron ADN y lo analizaron. La investigación con restos humanos está altamente regulada en nuestro país, por lo que se desconoció las regulaciones locales. Incluso, a nivel internacional, las universidades poseen un comité de bioética donde se analizan estos casos, pero parece ser que este protocolo no fue aplicado aquí.

¿Cuál es la responsabilidad de la revista Genome Research?

Las revistas científicas revisadas por pares y con comité editorial deben velar por el estatus ético de las investigaciones. No porque los resultados sean interesantes, éstos van a ser válidos éticamente. En este caso, por supuesto que es importante hacer ciencia y generar resultados, pero ¿sin importar el origen ni cómo ha sido el tratamiento del cuerpo? La revista debiese asumir su responsabilidad, lo cual generalmente concluye con la retractación del artículo.

¿Se ha pronunciado la revista Genome Research ante las críticas?

El día de ayer se publicó un artículo en el New York Times al respecto, donde ellos señalan que los requerimientos éticos de la revista no estaban disponibles en su página por motivos “técnicos”, pero hasta ahora no ha habido un pronunciamiento mayor.

¿Por qué son importantes las consideraciones éticas en una investigación científica?

La ética debe regir nuestras investigaciones, lo cual debe estar regulado. Como señalamos y lo refuerza las declaraciones del Colegio de Arqueólogos y de Antropología Biológica, ¿cuál es el valor de un cuerpo humano? ¿O la dignidad se pierde después del fallecimiento?

Esperamos que este caso nos sirva para ser estrictos en cuando a la ética en la investigación, sobre todo lo referente a restos humanos. No podemos tampoco validar a grupos de personas que, creyendo en extraterrestres, cometan estas atrocidades con un cadáver. No olvidemos que a principios de siglo, avalados por el Estado de Chile, decenas de pueblos originarios del sur de Chile fueron enviados a Europa para ser exhibidos en Zoológicos Humanos… Estamos en el año 2018. Es inaceptable la falta de ética en el caso de La niña de La Noria. Ojalá nunca más esto vuelva a ocurrir.

“A mí como científica me llama la atención que esta situación se haya producido. En un laboratorio cada actividad tiene que ser evaluada y aprobada antes de ser realizada. Por la seguridad de los propios científicos y del medio ambiente. Si la investigación envuelve animales de laboratorio, la aprobación de cada detalle pasa por un comité científico y ético. La aprobación tiene que ser renovada anualmente o antes si hay un cambio en un procedimiento, señala Soledad Miranda-Rottmann, neurocientífica en la Université de Montréal, en un enlace con Plataforma Científica.

La neurocientífica afirma que, aunque personalmente no ha hecho investigación en humanos, para realizarla existe un comité regulador en cada universidad, y los límites éticos son tremendamente estrictos. “Necesitan permisos, incluso, para hacer una encuesta; más aún, un equipo de investigación necesita tener todos los permisos y autorizaciones al día para recibir financiamiento. Los autores del artículo en Genome Research dicen que pensaron que era un primate y no un humano, y por eso no pidieron permisos. Para importar incluso 1 microgramo de tejido de primate hay que tener un permiso CITES, que es caro y demora mucho, así que no me convence la explicación”, explica.

Francisca Santana, antropóloga bióloga de las universidades de Antofagasta y Oxford, a través de su cuenta de Twitter, comenta: “No creo que ningún europeo estaría feliz si yo fuera a un cementerio relativamente reciente a desenterrar una tumba, tomar el cuerpo de una niña con condiciones patológicas…, llevarla a Chile, afirmar que es un alienígena, y finalmente decir que es humano tras una prueba de ADN”. Por su parte, Óscar Lazo, neurobiólogo y doctor en Fisiología, señala en la misma red social: “La inmoralidad del uso de un cuerpo sin resguardo alguno por su historia y su dignidad; la ignorancia de los autores sobre el contexto antropológico, y las tareas pendientes en ética de la investigación”.

El destino de la niña momificada en Europa

Ramón Navia-Osorio Villar. Crédito: Dogmacero.

Hace 15 años, en pleno invierno y en las proximidades de una iglesia abandonada en La Noria, un huaquero conocido como Óscar Muñoz, provisto de pala y picota, encontró un género blanco atado con una cinta violeta. Al deshacer el enredo, descubrió un pequeño cuerpo momificado, cuya apariencia captó su atención.

Óscar Muñoz compartió su hallazgo con un grupo de jóvenes, entre los cuales se encontraba Alejandro Dávalos, quien lo fotografió por primera vez y compartió la imagen con miembros de una entidad dedicada a estudios ufológicos, según constata un reportaje del periodista Camilo Aravena para La Estrella de Iquique. Muñoz, por su parte, terminó vendiendo la momia a un empresario iquiqueño por 30 mil pesos. Este último recuperó mucho más de lo invertido, pues cobraba 500 mil pesos solo por tomarle una foto (ver reportaje).

El descubrimiento del cuerpo momificado causó conmoción entre diversas organizaciones dedicadas al estudio de los ovnis y también en los medios de comunicación. Por su extraña apariencia, hubo quienes aseguraban de que se trataba de un ser “alienígena”. Así, pese a que había muchos interesados en adquirir el esqueleto momificado, terminó en manos del español Ramón Navia-Osorio Villar, actual presidente del Instituto de Investigaciones y Estudios Exobiológicos y apasionado desde pequeño por los ovnis. Las circunstancias en que obtuvo el cuerpo momificado de la niña aún son engorrosas.

Sin embargo, en un artículo publicado por el periodista, escritor y editor de Dogmacero, David Álvarez Planas, Ramón Navia-Osorio cuenta que un “hombre de negocios de ascendencia catalana, Ricardo, me enseñó unas fotos que me dejaron sorprendido; y posteriormente me lo mostró físicamente”. “Para ser exactos: Oscar Muñoz lo encontró, el hermano de Ricardo se lo compró y éste lo primero que hizo fue ofrecerlo a una cadena de televisión chilena”, le cuenta Navia-Osorio a David Álvarez.

“Al final, le dijimos al señor (Ricardo) que queríamos que el ser fuera examinado en la Real Academia de Ciencias y Artes, en Barcelona. Y fue así como finalmente Ricardo lo presentó en la sede de la Real Academia”, confiesa Navia-Osorio a Dogmacero.

En un reciente reportaje publicado en el diario de circulación nacional La Tercera, habla Ricardo, quien prefiere omitir su apellido: “Yo jamás dije, pensé, ni supuse que era un alienígena o un ET. Nosotros nos cagábamos de la risa cuando escuchábamos esos cuentos”. Asimismo, frente a las afirmaciones de Navia-Osorio, Ricardo asegura que desconoce cómo el cuerpo de la niña momificada terminó en otro país. “No te sabría decir de qué está hablando”, dice. Por otro lado, Plataforma Científica intentó contactarse con Óscar Muñoz por correo electrónico y teléfono sin tener respuesta.

En 2004, el cuerpo de la niña momificada llega a Barcelona. Una vez allí, es sometida a varios análisis a pedido del propio ufólogo español, en su empeño por identificar algún patrón alienígena. En esa búsqueda, uno de los investigadores que analizó el cuerpo momificado fue el doctor Francisco Etxeberria Gabilondo, profesor titular de Medicina Legal y Forense de la Universidad del País Vasco, médico especialista en Medicina Legal y Forense y especialista en Antropología Forense por la Universidad Complutense de Madrid.

“Este asunto no termina de librarse del disparate sostenido. La cosa es tan sencilla como que se trata de un feto humano. Pero es cierto que puede ser objeto de estudio y, por ello, ahora se ha realizado un análisis genético. No voy a discutir la bondad de esta iniciativa, pero salgo al paso para señalar que no tiene ninguna displasia y menos del carácter que se ha señalado en este último artículo”, señala el doctor Etxeberria en conversación con Plataforma Científica.

-¿Conoció usted al señor Ramón Navia-Osorio Villar, presidente del Instituto de Investigación y Estudios Exobiológicos?

Sí, en un congreso en el que presentó un póster sobre el caso. Además, puede ver en directo el espécimen (ver informe).

-¿Es cierto que Ramón Navia-Osorio le solicitó analizar un cuerpo momificado?

Sí. La simple inspección macroscópica me permitió establecer que se trataba de un feto, siendo una cosa ordinaria desde el punto de vista forense. En tales circunstancias, no se necesitan análisis complementarios.

-Ramón Navia-Osorio señala que, tras el análisis, usted le dijo que el cuerpo momificado correspondería a un feto, lo que él negó alegando que se trataba de otro tipo de ser. ¿Es cierto? ¿Cómo recuerda ese hecho?

Hasta ese momento se trataba de un “humanoide”. Me dijo si estaba dispuesto a poner mi opinión por escrito. Lo hice en cuatro días, enviado un informe simple, ya que no requiere más análisis. Luego no tuve noticias, hasta que hace unos años se hizo el documental Sirius. Yo me encontraba en el Servicio Médico Legal de Santiago, donde pudimos sonreír con el caso. Además, supe que desde EE.UU. alguien decía que, por las radiografías, habría nacido y vivido varios años, lo que demuestra una ignorancia importante. En otro momento supe que decían que el ADN no era terrestre… No he tenido más relación con esta persona.

Doctor Francisco Etxeberria Gabilondo, profesor titular de Medicina Legal y Forense de la Universidad del País Vasco, médico especialista en Medicina Legal y Forense y especialista en Antropología Forense por la Universidad Complutense de Madrid.

El doctor Etxeberria precisa que cuando analizó el cuerpo momificado observó que “el cráneo presenta fontanelas abiertas y, además, cordón umbilical”. “Secuenciar el genoma está bien, pero decir que pudo vivir y tener varios años demuestra un desconocimiento básico y elemental en lo que se refiere a aspectos forenses: género, sexo, edad, causa de muerte y data”, puntualiza. Es más, Plataforma Científica tuvo acceso al Informe Médico Pericial donde el doctor Etxeberria concluye que se trata de un “feto momificado de unas 15 semanas de gestación”, sin poder determinar si es el resultado de un aborto espontáneo o provocado (ver informe).

El doctor Juan Carlos Álvarez, profesor e investigador de la Universidad de Granada, quien también analizó el cuerpo momificado, en conversación con Plataforma Científica, señaló: “Se realizó un análisis en nuestro laboratorio hace años, y efectivamente determinamos, mediante análisis genético, una serie de datos relacionados con este tema, como el sexo y el posible origen poblacional en base al ADN mitocondrial. En cualquier caso, nosotros no publicamos nada; y no sé por qué no nos dieron autorización en aquel momento”.

Otro de los tantos estudios al que fue sometido el cuerpo de la niña momificada fue el que se mostró en “Sirius”, un documental estrenado en 2013 y coproducido por Steven M. Greer, ufólogo, médico y fundador del Centro para el Estudio de la Inteligencia Extraterrestre. Allí, Garry P. Nolan, microbiólogo e inmunólogo de la Universidad de Stanford, aseguró luego del estudio que se trataba de un humano, que era varón y que había vivido seis u ocho años. Era humano, no “humanoide” ni tampoco un “alienígena” (ver publicación en revista Science). Así y todo, los ufólogos hicieron caso omiso a esos hallazgos, porque el esqueleto momificado fue presentado con gran popularidad en el Ufology World Congress 2017, en Barcelona.

Una polémica que termina en la justicia

Luego de que se difundiera la crónica de la científica Cristina Dorador, titulada “La niña de La Noria”, también hubo organismos que se pronunciaron frente a los cuestionamientos éticos al tratamiento que ha tenido el cuerpo de la niña momificada, y exigiendo una respuesta de las autoridades en relación con la ilegalidad del robo y exhumación.

En esa línea, el directorio del Colegio de Arqueólogos de Chile, “considera que la situación de la niña de La Noria, denominación que se le ha dado al hallazgo de un feto humano trasladado a España, cuyo análisis científico ha circulado los últimos días por los medios, es lamentable y cuestionable tanto por razones legales como éticas”.

“Se trata de restos humanos que fueron excavados, comercializados y exhibidos ilegalmente, que se agrava posteriormente con el estudio genético que realiza un equipo de científicos de la Universidad de Stanford, quienes no solo no cuestionan las prácticas anteriores, sino que actúan promoviendo nuevamente la cosificación/fetichización de estos restos humanos, estudiándolos e interviniéndolos (toma de muestras) al margen de la ley 17.288 de Monumentos Nacionales”, denuncian desde la institución (ver declaración).

“Un conflicto ético fundamental de nuestra disciplina y otras afines como la Arqueología, se constituye en el hecho de recurrir a restos humanos despojados de sus lugares de entierro como fuente de información, por lo que se han instaurado mecanismos legales y principios éticos como estándares mínimos para el resguardo del patrimonio y las voluntades de las comunidades locales. Estos principios mínimos están ausentes en la mencionada investigación y en su cobertura periodística. Un estudio de similares características, donde se utilicen restos de un feto desenterrado de un cementerio actual, en un país desarrollado seguramente provocaría otras reacciones”, es parte del pronunciamiento de la Sociedad Chilena de Antropología Biológica (ver declaración).

Atul Butte, profesor de la Universidad de California, y Gary Nolan, académico de la Universidad de Stanford, en conversación con Plataforma Científica afirman que se deben respetar las tradiciones de otras culturas en los análisis genómicos, así como también respaldan que se debe repatriar el cuerpo de la niña momificada. Al mismo tiempo, recalcan que la investigación que lideraron aclaró lo que ha sido una “historia muy pública y sensacionalista durante mucho tiempo, y que se llevó a cabo por traer algo de humanidad a esta discusión y dignidad al esqueleto”.

El ex pueblo de La Noria.

“El esqueleto nunca ha estado en posesión de la Universidad de Stanford ni de la Universidad de Carolina, y no hemos tenido ninguna relación con la remoción del cuerpo desde su lugar de origen. El ADN y las imágenes provienen de restos que no se sabía si eran humanos cuando partió la investigación. No proporciona información identificable en relación a si se tratara de un individuo vivo, según lo definen las reglamentaciones federales, y no califica como investigación en sujetos humanos, de acuerdo con la Oficina Federal para la Protección de los Humanos en la Investigación. Desde hace tiempo se sabe que este esqueleto pertenecía a un privado en España, sin ningún tipo de reclamación de conducta delictiva en relación a cómo fue adquirido”, sostienen los investigadores.

Recientemente, la revista Genome Research se pronunció formalmente en medio de la controversia que ha suscitado el estudio. Los editores de la revista aseveran que “Genome Research tiene una trayectoria establecida de adhesión a las políticas que protegen los sujetos humanos en la investigación biomédica”. Admiten que la muestra de ADN del “esqueleto de Atacama” no calificó como investigación en humanos, de acuerdo con la Oficina Federal para la Protección de Humanos en la Investigación. Por consiguiente, aseguran que no se requirió una aprobación específica ni exención para el estudio. También afirman que se deben tomar en serio las preocupaciones expresadas por los científicos chilenos (ver declaración).

Esta declaración tampoco convence a los científicos, quienes esperaban un pronunciamiento más crítico, como la retractación del artículo. Así, por ejemplo, John Hawks, un reconocido paleoantropólogo de la Universidad Wisconsin-Madison, señala que el pronunciamiento de los editores de la revista Genome Researchno es aceptable”. “Las protecciones de los sujetos humanos son importantes, pero los requerimientos éticos y legales no son los únicos en la investigación de material esquelético humano”, comenta. Por su parte, la paleopatóloga y bioarqueóloga de la Universidad de Otago, Melandri Vlok, señala que “la declaración tiene muchos problemas: culpar a los chilenos diciendo que no se sabía si los restos eran humanos; afirmar que apoyan la ética en estudios con ADN y enorgullecerse de que sea parte de una discusión ética”.

En Chile, El Consejo de Monumentos es el organismo encargado de la protección y tuición del patrimonio cultural y natural de carácter monumental de Chile. Así, para realizar una simple excavación en un sitio arqueológico se requiere contar con autorización de esta entidad gubernamental, lo que aparentemente no ocurrió en el caso de la niña momificada de La Noria. En relación con esto, las autoridades argumentan que podría tratarse de una violación a la ley por la presunta “apropiación de un monumento nacional, constitutiva de los delitos de usurpación, hurto, robo con fuerza, robo con violencia o intimidación en las personas”, según le confirmó a BBC Mundo. Plataforma Científica intentó ahondar en la reclamación que interpondrá el organismo, pero no hubo respuesta.

Cristina Dorador, la científica chilena que puso el tema en discusión, cuenta la motivación que tuvo para denunciar lo que había pasado con la niña momificada de La Noria: “Conociendo el área geográfica donde se encontró el cuerpo, sabiendo lo que significa vivir y morir en la Pampa, y habiendo visto y visitado oficinas salitreras saqueadas, me conmovió mucho pensar que de lo que se hablaba era de una persona que no sabemos si logró nacer con vida, pero que tuvo alguien que la fue a enterrar envuelta en un paño con una cinta violeta”.