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El agua, un recurso postergado

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Columna de opinión de Fernanda Aguayo Cruces, ingeniera en Biotecnología Vegetal del CRIDESAT de la Universidad de Atacama.

 

La intervención del ser humano en la naturaleza ha modificado y alterado la dinámica normal de su entorno, principalmente del agua, generando un evidente cambio en la disponibilidad de este recurso; siendo la escasez hídrica -que se observa a nivel mundial- y la calidad del agua disponible para la población y los ecosistemas, focos de importante preocupación.

La región de Atacama no se encuentra fuera de esta problemática. Ejemplos sobran, pero uno de los que me impresiona es ver como la mayoría de la población no utiliza el agua potable para consumo directo, sino que compensa esta necesidad comprando agua previamente filtrada, de manera de consumir con tranquilidad un elemento indispensable para el desarrollo de toda actividad humana. ¿Por qué mi especial atención en esta conducta?, porque no se repite en todas las regiones del país, por ende la situación de esta zona de Chile es aún más compleja.

Sí, debemos tomar conciencia que vivimos en el desierto más árido del mundo y que, al mismo tiempo, se espera que la escasez de agua se agudice. A esto debemos sumar la competencia por el uso de este recurso desde el rubro minero y el agrícola, lo que genera un ambiente de evidente inestabilidad. Insisto, es una realidad preocupante de la cual debemos ser conscientes, ya que repercute directamente en la calidad de vida de todos y todas quienes habitamos esta Región.

Probablemente no exista una única solución para esta situación, por lo tanto, dado que el agua es utilizada por todos los sectores de la economía, es importante que los problemas asociados a su consumo se evalúen de forma integral, generando un real compromiso por parte de las autoridades, la academia y la comunidad, por lograr un uso más eficiente y sostenible; para ello, es fundamental que desde nuestros espacios de acción, en mi caso, desde la investigación, apoyemos la promoción y educación en el uso responsable del agua, creando los espacios necesarios para estrechar los lazos entre el mundo científico y la población; teniendo presente que debe ser considerada como un bien para el desarrollo de la sociedad y no como un recurso postergado.